La Madre Teresa era una hipócrita despiadada

5 septiembre 2016

La Madre Teresa ha sido beatificada por la Iglesia Católica, pero no es ninguna santa, por más de una razón. Gracias a la propaganda difundida por la Iglesia Católica, la monja será recordada como una santa de la época moderna, pero la historia es algo distinta.

Durante generaciones, los católicos han preferido ignorar las acusaciones. Hasta la fecha, la iglesia y sus seguidores han amado a la Madre Teresa con fervor: al parecer, 300,000 personas acudieron al Vaticano para presenciar su beatificación de manos del Papa Juan Pablo II.

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Antes de su muerte en 1997, la hermana se ganó a sus fieles a base de abrir misiones: concretamente 517, muchas de ellas en Calcuta; sin embargo, durante más dos décadas la obra de Madre Teresa ha estado salpicada de alegaciones de corrupción financiera y médica. En 2012, Serge Larivée y Genevieve Chenard, del Departamento de Psicoeducación de la Universidad de Montreal, y Carole Sénéchal, de la Universidad de Ottawa, publicaron un documento en el que detallaban los delitos de Teresa: según este informe, la visita de varios médicos a sus misiones reveló que un tercio de los pacientes “estaban postrados en la cama, agonizando y sin recibir la atención adecuada”.

En el mismo documento se asegura que en las misiones había escasez de asistencia, alimentos y analgésicos, pese a que Teresa había logrado recaudar millones de dólares. Asimismo, la revista Slate descubrió, coincidiendo con estas alegaciones, que pese a las ingentes sumas de dinero que Teresa había amasado, sus misionarios tenían tan mal aspecto como cuando los encontró. La revista también afirma que, cuando cayó enferma, la Madre Teresa viajó a California para ser tratada en clínicas de ese estado. De hecho, las condiciones en las misiones eran tan deficientes que en una ocasión incluso se compararon con las del “campo de concentración de Bergen-Belsen, en la Alemania nazi”.

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Christopher Hitchens asegura que, antes esas acusaciones, la Madre Teresa respondía diciendo: “Hay algo bello en ver a los pobres aceptar su suerte y sufrirla, como la Pasión de Cristo. El mundo gana con su sufrimiento”.

Pero había un grupo cuyo sufrimiento Teresa quería evitar a toda costa: el de los fetos. Según el diario New York Times, la Madre Teresa aprovechó el discurso de aceptación del Premio Nobel para arremeter contra el aborto. “Para mí, aquellos países en los que el aborto es legal son los más pobres de todos”, argumentó. “El mayor destructor de la paz en la actualidad es el crimen que se comete contra el nonato”. Los estudios muestran que la frecuencia con la que se practican abortos no se ve afectada por el hecho de que sean o no ilegales. Sin embargo, las probabilidades de que una mujer muera durante el aborto en un país en el que este está restringido se multiplican por 34.

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En 1994, Teresa viajó a Washington, DC, para dar una charla en el Desayuno de Oración Nacional, al que asistieron el presidente Bill Clinton y el vicepresidente Al Gore. En su discurso, insistió en que la oposición al aborto era tan importante como la prevención del hambre infantil. “Hay mucha gente extremadamente preocupada por los niños de India y de África, donde muchos mueren de hambre”, dijo. “Mucha gente también muestra preocupación por la violencia en este gran país, Estados Unidos. Todas esas preocupaciones están muy bien, pero esas mismas personas a menudo se olvidan de los millones de vidas a las que se pone fin deliberadamente por decisión de sus propias madres. Ese es el mayor destructor de la paz en la actualidad: el aborto que produce esa ceguera en la gente”.

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Ese mismo año, los periodistas Christopher Hitchens y Tariq Ali crearon un documental de televisión sobre Madre Teresa titulado Hell’s Angel, en el que Hitchens la acusa de “demagoga, obscurantista y servidora de poderes terrenales” que prefiere denunciar el aborto y los anticonceptivos que ayudar a los pobres. Según el diario Washington Post, el documental también revela la estrecha amistad de la monja con Charles Keating, el financiero que se hizo popular por su implicación en la crisis de ahorros y préstamos de la década de 1990, y con Jean-Claude Duvalier, el dictador haitiano conocido como Baby Doc y tristemente célebre por secuestrar y torturar personas. Pese a las terribles condiciones en las que se encontraban sus misiones, Teresa presuntamente había recibido dinero de estos hombres, que habían arruinado la vida de miles, si no millones, de personas.

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Durante las décadas posteriores, la Madre Teresa continuó su cruzada para fomentar una moralidad arcaica y peligrosa en los países que visitaba. Instó a Irlanda a votar contra la ley que permitía el divorcio en 1995. Al año siguiente, telefoneó al candidato republicano a la presidencia de EU, Bob Dole, para darle las gracias por contribuir a la prohibición de varios abortos de embarazos avanzados. Cuando se puso de moda llevar lazos como símbolo de la lucha contra el sida, ella se vanagloriaba de ayudar a las víctimas del síndrome —pese a su desdén por los condones que podrían haber salvado innumerables vidas—. Pero dado el tremendo historial de hipocresía de Madre Teresa, a estas alturas no sorprende la contradicción de que luchara contra el sida y los condones al mismo tiempo.

Fuente: vice.com