La manzana aumenta el deseo sexual femenino

6 agosto 2016

Cuando eras chica escuchabas eso de que una por día aleja al médico de tu vida, pero parece que las únicas propiedades comprobadas son las que nos adelantó la Biblia, no porque sí Adán y Eva se enredaron en la cama luego de morder manzana y no melones ni naranjas.

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El estudio y las pruebas

Hace poco años un grupo de médicos italianos del Hospital Santa Chiara, de Trento, convocaron a 731 mujeres sanas y sexualmente activas de entre 18 y 43 años para probar los efectos de este manjar divino. Dividieron a las damas en dos grupos, unas debían ingerir dos manzanas por día, las otras ninguna. Después de un tiempo a dieta se les hizo llenar el cuestionario del Índice de Función Sexual Femenina (IFSF) que plantea 19 preguntas sobre aspectos concretos de la vida sexual (se los linkeo por si quieren responderlo), como frecuencia de relaciones, cantidad de orgasmos, lubricación y satisfacción, y ahí encontraron que quienes habían comido las dos manzanas al día alcanzaban mejores resultados, oséase, obtuvieron mejor función y respuesta erótica. Es creer o reventar, o querer creer, que vendría a ser lo mismo.

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Los efectos de la manzana, llena de vitamina A, en la sexualidad femenina podrían deberse a la combinación de dos sustancias clave como son los polifenoles y la floridzina. Los polifenoles están presentes en varios alimentos activadores de la circulación sanguínea, conduciéndola hasta donde se debe. Los investigadores explican que, “al igual que el chocolate y el vino tinto, las manzanas contienen polifenoles, antioxidantes vegetales que mejoran el riego sanguíneo a la zona genital y la vagina, lo cual propicia los orgasmos”. La floridzina es una sustancia semejante a la hormona sexual femenina estradiol, con efectos concretos en la lubricación y el deseo.

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Está de más decir que no es comerlas y sentarse a esperar que hagan efecto. Se trata de ingerirlas con regularidad y dentro de una dieta sana, libre de grasas malas, de hacer ejercicio físico y sobre todo de poner la cabeza a imaginar, porque las fantasías son la nafta del sexo.

Fuente: LA NACIÓN