Algo que vale la pena contar: ¿Así que no fueron tres, sino cuatro?

7 enero 2017

-¿Así que no fueron tres, sino cuatro?
-Bueno, al principio éramos cuatro, pero finalmente sólo llegarían tres justo a tiempo para la adoración del niño en Belén. A mi poco se me recuerda y menciona en la historia.- reflexionó Artaban.
-Si no te hubieras retrasado en Borssipa ayudando a aquel anciano… -intervino Gaspar.
-Y luego a cuanto necesitado fuiste encontrando en tu camino, nos habrías alcanzado.- interrumpió Melchor.
-Ya, pero lo cierto es que al final Artaban sí llegó a presentar sus respetos, 33 años después claro, pero eso le valió acompañar al propio Jesús a los cielos justo en el momento de la crucifixión.- secundó Baltasar.
-Entonces ustedes tres, luego serían bautizados, consagrados obispos y finalmente como era tradición en aquellos tiempos, martirizados, para depositar sus restos mortales en un sarcófago, que según cuenta la leyenda es el mismo que se encuentra depositado en la famosa Catedral de Colonia en Alemania, cuya construcción duró más de 600 años y hoy en día es uno de los centros más visitados por los peregrinos.
-Exactamente.- terciaron, los entrevistados.
-Artaban, tengo entendido que llevabas una ofrenda de piedras preciosas, un diamante de las Islas Meroe, un jaspe de Chipre y un rubí de Sirtes, que obviamente nunca llegaste a entregar…
-Los tuve que ir dejando en el camino para ayudar a los pobres.- justificó el cuarto Rey Mago.
-Yo llevaba mirra, una resina aromática y medicinal muy valiosa en su tiempo, usada tradicionalmente para embalsamar a los muertos porque sabíamos que Jesús en su misión, moriría en sacrificio por los hombres, -apuntó Melchor, el más viejo de los tres.- fue el regalo de los pueblos europeos que yo representaba.
-El oro, -dijo Baltasar, el joven Rey negro originario de Babilonia.- fue nuestra manera de reconocer en aquel niño pequeño, la pureza y divinidad de un Rey. Un elefante fue necesario para transportar su peso.
-Y el incienso, -finalizó Gaspar, el asiático mago que viajó a bordo de un camello.- el obsequio apropiado para un Dios… que además, hay que decirlo, ayudó a espantar a los zancudos que no dejaban de molestar al recién nacido en el pesebre.
-A propósito de sus tradicionales animales de carga, no veo ninguno…
-Es que este año al menos para México, los hemos substituido por pipas de combustible.- finalizaron a coro.
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