Algo que vale la pena contar: Enero, el más viejo de los doce.

30 diciembre 2016

Enero, el más viejo de los doce hizo un llamado al orden.

-Señores, que cada uno ocupe sus lugares.

El consejo 2016 mostraba como es habitual al fin de cada año, caras largas y cansadas.

-Como ustedes saben, estamos a sólo algunas horas de ceder nuestros lugares a una nueva generación de meses -prosiguió enero-. Es por tanto menester, hacer entrega de nuestro informe y conclusiones finales. Tenemos ya los preliminares de acontecimientos buenos y malos y, lamento decir que… entre la epidemia de zika de febrero, los Panamá papers de abril, el Brexit de junio,

Niza, Francia de julio, accidentes varios de aviación, corrupción manifiesta en gran cantidad de países, las elecciones gringas de noviembre, terremotos, la guerra en Siria y “lo bueno que casi no se cuenta” por ser tan poco, los resultados no son muy alentadores.

-Se logró la paz en Colombia después de 50 años de guerrilla -dijo septiembre-.

-Fue año de Olimpiadas -refirió agosto-. Pero nadie secundó el entusiasmo de los meses veraniegos.

-No sé si serán las nuevas formas de comunicación tan rápidas, o que en realidad las malas noticias superan a las buenas, pero parece que cada año resulta más difícil que la humanidad logre sobrellevar su existencia -reflexionó octubre-. Ni siquiera el Nobel de Literatura para Dylan en mi período, pareció llenar el vacío de esperanza.

Los doce meses niños y recién desempacados de 2017, miraban asustados y con preocupación a sus antecesores.

Diciembre de 2016 tomó la palabra:

-Viejos y nuevos compañeros. Desde el inicio de los tiempos hemos sido testigos de que al arribo de cada invierno, la primavera se encuentra a sólo un paso. La desesperanza vive de todo lo que sabemos, pero la esperanza crece en lo que ignoramos, que es todo. Hoy, es siempre todavía, el sol no se ha puesto aún por última vez. Los hechos del año que se va, pertenecen ahora al pasado, los del año próximo esperan una nueva voz.

Y con estas palabras los meses viejos se desvanecieron de pronto y los nuevos ocuparon sus lugares.

-¿Y ahora qué? -preguntó enerito-. Pues… parte la rosca de reyes -animó abrilito-. ¡No es justo! me va a tocar la levantada -se quejó febrerín.

Y un año nuevo comenzó.

Somos lo que hemos leído y esta es, palabra de lector.

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