Su esposo la encontró en la cama con su amante, pero jamás esperó que las cosas terminaran así

21 diciembre 2016

Esta es la historia de Esmeralda, una mujer casada con el supuesto “amor” de su vida, con quien tiene su monótona vida planeada por delante. Esto hasta que conoció a Diego, un hombre que pronto será padre, que vive cerca de su trabajo y que el destino quiso que tomaran el mismo autobús. Un hombre de ojos verdes, cabello rubio y un cuerpo por el que cometería el pecado de la infidelidad.

Todo comenzó por esos ojos verdes y ese esbelto cuerpo bronceado. Hace poco había entrado a trabajar en una compañía como secretaria, donde según mi esposo Sergio “estaba mejor que nunca”. Sergio no me gustaba, no me agradaba la vida monótona que llevábamos. Sólo por dar gusto a mis padres me había casado con él, con el supuesto “amor de mi vida”. Todos los días eran completamente iguales, hasta que conocí a Diego.

Iba en el autobús, chequeando el teléfono, cuando nuestros ojos se cruzaron. Verdes como esmeraldas y una sonrisa de dientes blancos como la nieve, quedé completamente enamorada desde el primer momento.

Luego me bajé y seguí con mi vida, sólo pensando en ese guapo hombre. De camino de vuelta a casa, ¡no podía creerlo, ahí estaba! Quería hablarle, era lo único que se me pasaba por la mente. Me fui moviendo entre la enorme cantidad de personas que había hasta quedar a su lado, donde sentí su impotente presencia. Lo miré de reojo y ahí estaba, mirándome.

No podía esperar más, tenía que iniciar conversación. Dejé caer unas hojas que traía y él me las recogió casi en el acto. Le sonreí.

-Te veo mucho por aquí. Dije, no sabiendo nada más que decir.

Desde ese momento no dejamos de hablar. Me contó que se llamaba Diego, que trabajaba muy cerca de donde yo y que sería padre con su actual pareja.

Pero eso no me detendría.

Pasaron los días y hablábamos más y más, hasta que no pude más, no pude callar este sentimiento que tenía y le pedí prestado su teléfono para hacer una breve llamada “porque se me había acabado la batería”. Y cuando me lo pasó, alcancé a tomarle la mano unos segundos, en demostración de mi interés. No sé qué pasó, yo no era así, fue un impulso, lo deseaba demasiado como para controlarme.

Después, con el tiempo, empezamos a salir. Fue tanta la excitación que teníamos que lo hicimos en el bus, despacio, sin emitir ruidos, pero rodeados de personas que iban inmersos en sus teléfonos. Nadie nos vio, pero esa sensación de ser descubiertos nos excitó aún más. Me hizo ver estrellas, un mundo completamente nuevo. Y todo gracias a Diego.

Otro día lo hicimos cerca de donde trabajábamos, donde se empacan cerezas, que no se ocupa. A él le encantaba mi “traje formal” de secretaria.

Un día se me ocurrió invitarlo a mi casa, porque mi pareja trabajaba de noche. Nos tomamos un par de copas y listo, a la cama. Estábamos en plena acción cuando llegó mi esposo. No sabía qué hacer, se quedó ahí parado mirándonos… no sabía cuál sería su reacción, pero para mi sorpresa no se enojó, de hecho, estaba encantado.

Me contó que él desde hace mucho tiempo quería hacer un trío, que era su “sueño sexual”. Entonces, en vez de enojarse, se unió a nosotros y la pasamos súper bien esa noche, como ninguna otra.

Pero había un problema: Yo no amaba a Sergio, mis corazón y cuerpo eran sólo para Diego. Y él tenía el problema de su pareja embarazada. Hablé con Diego y él me confesó lo mismo, que me amaba con la misma intensidad que aquel día que nuestros ojos se cruzaron.

Luego, decidí hablar con Sergio. Descubrí que él también me estaba engañando, pero no era quien para enojarme. Nos divorciamos y ahora vivo con Diego, quien le paga mensualmente a su ex pareja y a su hijo.

Eso sí, Sergio regresa de vez en cuando, para tener esa experiencia única de lo que es tener un trío con el hombre que amé y con quien vivo ahora mi nueva vida.

Fuente: UPSOCL